HOMILÍAS/HOMILIES

Portada/Main Page

 

 

 

Life, Justice and Peace

 

Justicia para los Inmigrantes

Justice for Immigrants

 

Mitos sobre la inmigración

Myths About Immigration

 

Ciudadanos Fieles

Faithful Citizenship

 

Palabra de Vida

People of Life

 

Homilies/Homilías

 

More Sunday Homilies

Mas homilías dominicales

 

Daily

Días Laborables

 

Weddings

Bodas

 

Quinceañera Mass

Misa Quinceañera

 

Funerals

Exequias

 

 

Rites/Ritos

Order For The Blessing on the Fifteenth Birthday

Bendición Quinceañeras

 

Readings of the Day Lecturas del Día

 

Saint of the Day

Santo del Día

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Traducción en Inglés

Segundo Domingo de Pascua

Ciclo A

 

Lecturas: 1) Hechos 2, 42-47    2) 1 Pedro 1, 3-9    3) Juan 20, 19-31

 

El evangelio nos deja ver cómo Tomás se acercó a Jesús buscando en el  Resucitado señales de vida.  Hasta ver con sus propios ojos las heridas del Señor le era imposible a Tomas creer lo que le decían los apóstoles.   Tomás siempre demostró su fidelidad al Maestro.  Una de las veces que Jesús decidió ir a Betania, algunos de los apóstoles le dijeron “Hace poco los judíos querían matarte a pedradas, ¿y otra vez quieres ir allá? (Juan 11,8)  Fue Tomás el que les dijo a los otros apóstoles, “Vamos también nosotros y moriremos con él.” (Juan 11, 16)  Y cuando el Señor instituyó la Eucaristía en la Ultima Cena, Tomás fue el que, con su sencillez, no le importó mostrar su ignorancia.  Preocupado porque pensaba que el Señor se marchaba sin decirles a donde iba, le dijo al Señor “No sabemos a donde vas cómo vamos a saber el camino.” (Juan 14, 5)   El Día de Viernes Santo Tomás tuvo una gran decepción al ver que el Señor había muerto.  Al contemplar la Crucifixión del Señor, Tomás sufrió terriblemente.  Pensó que el Señor se había marchado definitivamente y que no volvería jamás.  Tomás nunca olvidaría este día tan triste. 

 

Cuando el Señor se apareció el Domingo después de su Resurrección, estando Tomás con los otros, le dijo “No sigas dudando, sino cree”.   La respuesta inmediata y llena de fe de este discípulo humilde fue “Señor mío y Dios mío”.  Y lo dijo con el amor intenso del que sabe que nunca más sentirá la amargura de la separación del Señor.  La tradición nos dice que Tomás predicó el evangelio en la India.  Allí es donde murió, gastando su vida hasta el último momento, por el Señor.  Los Cristianos de la India aún se autodenominan “Los Cristianos de Santo Tomás”.

 

La incredulidad es lo que vemos hoy en día en muchos hombres y mujeres que andan buscando su fe abandonando la Iglesia que fundó Nuestro Señor para ir vagando de iglesia a iglesia.   Dicen que nuestras comunidades Católicas son aburridas, que están muriendo.  Dicen que la Iglesia puede ser que fue grande en sus tiempos pero ahora ha perdido la vida.   Otros se acercan a la Iglesia Católica como si estaban tratando de detectar signos de vida.  Llegan con ideas preconcebidas sobre la naturaleza de la Iglesia.  Ellos también creen que la Iglesia ya ha muerto pero dicen que buscan pruebas de que Cristo está vivo como cuando fundó su Iglesia. Como si ellos eran los que deben dar el sello de la autenticidad a la Iglesia.  En realidad no buscan la verdad.  No vienen a la Iglesia con humildad, oración y fe.  No vienen creyendo que Cristo está vivo.  Su actitud negativa no puede ayudar a la Iglesia a crecer.

 

Debemos orar para que estas personas cambien su actitud.  Que aprendan a ir a la Iglesia sin indiferencia, sin egoísmo y sin dolor.  Que aprendan a pedir que Dios les aumente su fe perdida.   Cuando comiencen a darse más a los demás y a hacerse más sensibles al dolor ajeno conseguirán ver que Cristo está vivo y que mora entre nosotros.  Si queremos ser seguidores de Cristo debemos ser signos de unidad y de vida, no signos de desunión. 

 

Cada uno de nosotros tiene que pedir a Cristo que aumente nuestra fe.  El que tiene fe admite y confía en la palabra de Dios.  Se fía completamente de Cristo.  La experiencia de Santo Tomas nos muestra que solamente con fe podemos creer y aceptar la muerte y la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.