HOMILÍAS/HOMILIES

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Traducción en Inglés

 

Decimoctavo Domingo del Tiempo Ordinario

Ciclo C

 

Lecturas:   1) Eclesiastés 1, 2. 2, 21-23   2) Colosenses 3, 1-5. 9-11   3) Lucas 12, 13-21

 

           Al escuchar las palabras de la Sagrada Escritura hoy podíamos preguntarnos, ¿para qué trabajar tanto, para qué tanto esfuerzo y tanta fatiga? Hoy en día muchas personas buscan la felicidad entre las cosas de este mundo materialista en que vivimos. Nosotros, como cristianos, debemos anhelar, cómo nos aconseja San Pablo, los bienes del cielo donde está Cristo esperándonos para premiarnos si hemos vivido una buena vida. Los seres humanos, si dejamos de seguir a Dios, e incluso si lo seguimos sin entrega, tendemos a buscar las cosas de aquí abajo y nos olvidamos de lo más importante, que a este mundo no venimos para quedarnos para siempre y que la muerte va a llegar para todos por muy ricos o jóvenes que seamos. El Señor nos enseña que él que pone el corazón, que está hecho para lo eterno, en el afán de poseer cosas materiales corre el riesgo de perderlo todo.

 

            Recordemos con frecuencia que nuestro paso por la tierra no es para convertirnos en ricos en lo material. Tampoco estamos aquí para convertirnos en personajes famosos. Hemos nacido para agradecer a Dios lo que Él nos ha dado, comenzando por la vida. Si hacemos esto, Dios no nos abandonará. Si administramos bien lo que tenemos y confiamos en Él, Dios lo multiplicará. Por eso es importante darle gracias al Señor por lo que poseemos y dejar todo en sus manos.

 

Siempre es importante considerar lo frágil que es la vida y la proximidad de la muerte. Debemos enfrentar la muerte sin miedo ya que considerar la muerte nos enseñará a vivir mejor nuestros días. Pues el tiempo que tenemos aquí no lo tenemos ni comprado ni asegurado y no sabemos cuanto durará.   Por lo tanto no podemos perder el tiempo alejándonos de Dios. Sí que es corto nuestro tiempo en este mundo y no debemos apegarnos demasiado a las cosas terrenas porque cuando llegue nuestra hora, cuando el Señor nos llame, todo lo vamos a dejar aquí. Por eso el Señor nos advierte que estemos siempre preparados. Sólo él que sabe seguir a Dios con una vida buena sacará provecho de los días pasados aquí en la tierra.

 

            Algunas personas dirán que pensar en la muerte es algo morboso. Sin embargo, yo les diría que meditar sobre la muerte es una buena preparación para la vida eterna. Nos hace pensar antes de hacer las cosas y, de este modo, prevenir el pecado y nos ayuda a dar a nuestra vida un sentido más verdadero. Además, nos enseña a desprendernos de las cosas materiales y a ser más tolerantes con los demás.

 

            Las lecturas de la misa de hoy no nos dicen que debemos temer a la muerte, más bien nos dicen que lo que debemos temer es a una vida alejada de Dios, ya que no sabemos cuando el Señor nos llamará para pedirnos cuentas por lo que hemos hecho aquí, en la tierra, con nuestra vida.

 

Pidamos a la Santísima Virgen María, quien vio morir a su joven hijo Jesucristo en la cruz y luego presencio la gloria de su hijo resucitado, que interceda por nosotros "ahora y en la hora de nuestra muerte.”